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Japón: Silencio y Mentiras

Sábado 23 de Abril de 2011 18:23 | PDF | Imprimir | Correo electrónico

Desastre Nuclear en JapónSilencio y mentiras parecen ser la solución ante la mayor amenaza a la vida en la tierra: ¿Ya quién se acordaba de Chernobil? Con seguridad quienes lo sufrieron directamente, los familiares de los millares de fallecidos y quienes aún tienen jóvenes deformados en hospitales de la ex-URSS, porque quienes hemos padecido la nube radiactiva en el resto del planeta ni nos enteramos. Ahora Japón con sus muertos y desplazados pone de nuevo el énfasis en la peligrosidad de tal tecnología de fisión cuando se sale de control. Los poderosos dueños de las plantas nucleares interesados en su continuidad, aseguran de boca que es una tecnología totalmente segura, excepto en casos fortuitos atribuidos a la naturaleza, entonces de inmediato dicen que es una calamidad natural. Hace falta tener tan solo dos dedos de frente para alcanzar la capacidad de pensar, que si algo está por fuera de la naturaleza, ésta, tarde que temprano reclamará la jurisdicción de su Ley allí donde corresponde.

No podemos cohonestar más con las mentiras: ni siquiera el Sol que es un termorreator nuclear realiza fisión nuclear de la manera como se pretende que sigamos aceptándola pasivamente en la tierra; más aún, de hacerlo ya él mismo no existiría porque las reacciones en cadena lo habrían explosionado, como es el caso de las bombas nucleares inventadas por el hombre cuando desconoce la ética asociada a las Leyes Naturales. El sol realiza fusión nuclear a partir del Hidrógeno que es el elemento más liviano de todos, fusionando dos isótopos del Hidrógeno en Helio que es el segundo elemento de la tabla periódica. Nuestro sol aún no utiliza ni siquiera el Helio para fisionarlo y fundir sus isótopos creando otro elemento, eso lo hará en su futuro cuando alcance la categoría para ello y tenga la necesidad de hacerlo. Que sepamos, la tierra no es un reactor nuclear y no está preparada para ello, pues ni siquiera el sol lo está, mucho menos para realizar fisión nuclear a partir de átomos tan pesados e inestables como el Uranio y en especial el plutonio. El ser humano en su infantilismo cognitivo, justificará cualquier adefesio procedimental para alcanzar lo que desea, en este caso: poder de manipulación a otros, pues no cualquiera puede atreverse a montar una planta nuclear de fisión. Y de la misma manera como estamos cohonestando -haciéndonos los de la vista gorda y el oído sordo, como que no es con nosotros- éste y otros atentados contra-natura, ¿Cómo pretender que la misma naturaleza nos proteja? Si la tierra no quiere dejarse asfixiar por los contaminantes y la radiactividad, se sacude al molesto huesped que lo ocasiona, y será un acto de legítima defensa, lo mismo que por instinto haces con un bicho que te esté picando. Y con todo no es exactamente el caso actual en la relación tierra-ser humano: ambos se están graduando hacia otro umbral de su propia evolución, han de cambiar de estado vibratorio, lo cual para la Humanidad implica un nuevo nivel de Consciencia. O frenamos por consciencia esta situación de agresión contra la naturaleza, o pagamos todos las consecuencias. La tierra necesariamente acusa el impacto del final de un ciclo intermedio de su Sol y tiene que hacer determinados ajustes, lo cual implica cambios radicales para nosotros; pero nos hacemos los desentendidos porque no queremos cambiar, no queremos abandonar las comodidades que nos ofrece el sistema materialista de antivalores, por eso la gente no reacciona, porque considera que no le comvienen los cambios, estamos adictos a actuar sin responsabilidad por nuestros actos y por ello mismo no les exigimos responsabilidades a los políticos en quienes delegamos las decisiones más delicadas sobre nuestras vidas.

 

Pensad al menos por un momento sobre la eventualidad de un apagón eléctrico en vastas regiones o en el planeta completo, cosa totalmente posible ahora por efecto de las manchas y eyecciones solares cuando el campo magnético planetario está debilitado al final de un ciclo solar. ¿Cómo entonces nos dirán que garantizarán el enfriamiento de los núcleos de las centrales nucleares en función, si de repente se quedan sin fluido eléctrico? Algunos dirán que tendrán plantas auxiliares, cuando el problema es un círculo vicioso, porque precisamente el apagón será por sobre-saturación eléctrica en la ionosfera y la descarga de grandes cantidades de ésta atraída por el magnetismo terrestre y en especial en los lugares donde estén funcionando centrales de tipo eléctrico, puesto que donde hay electricidad hay magnetismo y viceversa y lo más grave, es que nada podemos hacer para evitar el colapso de esta tecnología que requiere la super-concentración de la producción y distribución de la electricidad para poderla facturar. Si esto llegare a ocurrir durante este máximo solar que ya dió inicio (la anterior cresta de actividad solar duró cinco años), y si no se han clausurado a tiempo todas las centrales de fisión nuclear en el planeta, Chernobil y Japón no habrán servido de alarmas y el silencio y la mentira habrán ganado la partida, mientras que la Humanidad podrá confrontarse con la inminencia de la extinción masiva de la vida en la tierra. Quizá aún estemos a tiempo de evitar la hecatombe, pues el colapso tecnológico es casi seguro, dependiendo tan sólo de la actividad solar y de la voluntad de la tierra para interactuar con el sol. Leed el artículo siguiente y si os motiva, buscad en la web www.ikerjimenez.com las memorias del programa de Iker televisado en España el 28-29 de Mar./11.

O reclamas por el derecho a tu vida, el de tus descendientes y de la Humanidad ahora, o será demasiado tarde cuando ocurra el apagón. Y eso que no estamos hablando del posible Cambio de Polaridad Magnética de la tierra, otra factible consecuencia de este momento de final del ciclo-año de nuestro sol. La Vida no está en entredicho, ella continuará por cuanto no es exclusividad de la tierra, es la estupidez, la indolencia y la soberbia humana las que ruborizan.

[Retorno Maya]
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Alfonso Souto:

Algunas personas, muchas, se sorprendieron con la explosión e inmediata llamarada, tan grande como un Sol. Muchas se asomaron a sus balcones y ventanas. Otras, ante la ignorancia de los acontecimientos y el porqué de aquella situación, decidieron acercarse en bicicletas, andando o en otros vehículos. Nadie sabía nada. Nadie decía nada. Las noticias no se hacían eco del suceso. Quienes se atrevieron y llegaron cerca vieron algo tremendo que nunca olvidarán, si es que siguen vivos. Pero todos los que se encontraban en un radio de más de 100 kilómetros recibieron una especie de lluvia muy especial. Claro que si hubiesen imaginado lo que realmente suponía aquella lluvia, hubieran actuado de otra manera, seguro que sí. Una nube de unos 3 kilómetros de altura se dejó ver incluso desde Moscú. ¿Qué había pasado? ¿Qué había originado tal acontecimiento que luego se supo tan destructivo?

Al día siguiente, y durante algunos días más, el silencio oficial era la única comunicación, es decir, nadie hablaba en ningún medio del asunto, para nada. Los ciudadanos seguían haciendo su vida, con el miedo metido en el cuerpo al no saber nada de lo ocurrido. Los niños eran llevados a los colegios y seguían jugando en los parques. Las mamás y papás estaban cuidando de ellos. Otros iban a sus trabajos. Otros seguían con sus compras o abriendo sus comercios. Todos seguían la misma rutina. Pero nunca jamás, desde aquel momento, sus vidas volverían a ser iguales. Pero tampoco las nuestras, las de todos nosotros, las de los seres que habitábamos el planeta Tierra.

El 28 de marzo de 2011, la cadena de TV Cuatro emitió un programa especial de Cuarto milenio. Su director, Iker Jiménez, había preparado, junto a su equipo de profesionales y un número importante de colaboradores (todos ellos estaban en cargos oficiales o importantes en aquella fecha y posteriores) un magnífico programa que me dejó, en muchas ocasiones, con una sensación de impotencia en mi interior indescriptible. Toda la información era oficial, contrastada y partía del ejército ruso, así como de otras personas que estuvieron en aquel desastre, el mayor desastre jamás conocido desde hace 2011 años en la Tierra, en el planeta Tierra. Y finalizaron un programa de dos horas y media, comenzó a las 23 horas 30 minutos y finalizó pasadas las 2 de la madrugada, con la conclusión de que nos mintieron y se mintieron entre ellos, entre los gobiernos y poderes de la Tierra; pero admitiendo que lo de Japón era bastante peor, según los datos recogidos, que Chernobyl.

Solo unos datos para centrarnos: La nube contaminante, enorme, descomunal, dio la vuelta a la Tierra, al menos tres veces que se sepa y digan oficialmente. A las horas de aquella explosión nuclear se recogieron en distintos lugares del mundo, diferentes países en distintos continentes, radiaciones alarmantes. Según se desplazaba la nube asesina, impulsada en su movimiento por las corrientes de aire, iban llamando la atención de más y más países. Claro que solamente se habla de aquellos con la tecnología suficiente para medir dichas incidencias, pues África y los países árabes, entre algún otro, no pudieron enterarse de nada. Tal fue la alarma generada que se reunieron los principales países, posteriormente a las llamadas telefónicas de solicitud de información entre ellos, y en base a sus datos y la llegada de la nube asesina, confirmaron la procedencia de Rusia, días más tarde sabían que era Chernobyl. Hasta el 4º día no hicieron oficial la comunicación de que un pequeño incidente había ocurrido en Chernobyl, pero aseguraban que todo estaba bajo control, es más, decían que la población de Chernobyl y otras en su radio de acción, seguían en sus lugares. Daban la sensación de tranquilidad, pero sabían que estaban matando, asesinando, a miles, a cientos de miles de seres con esa decisión. A los 20 días, el presidente Gorbachov emitió un comunicado público y por TV, presionado por los países del mundo, en el que reconocía que la cosa era un poco más sería, pero que aunque habían comenzado a evacuar a los habitantes, todo estaba bajo control y no había que temer nada (las imágenes del programa hablan por sí mismas. Es un escándalo de alcance mundial). El secretismo tras el telón de acero era total. Nadie podía hablar. La conclusión a todo aquello es que, dos meses después, Chernobyl y otras localidades en un radio de más de 100 kilómetros estaban desiertas y los ciudadanos y animales, más todos los seres vegetales y demás, incluyendo el agua, la tierra… habían muerto por una contaminación trescientas mil veces superior a la permitida. La comparan con una bomba 500 veces más potente que la de Nagasaki e Hiroshima. 25 años después, las imágenes filmadas desde el aire y desde el interior de algunas zonas, con las protecciones debidas, hablan por sí solas. Todo estaba igual a como quedó salvo, dicen, algunos animales deformados y muy grandes que han podido ver, o eso les ha parecido, a algunas de las personas que fueron a recoger esas imágenes.

El reportaje está muy bien realizado sobre imágenes reales tomadas en aquellos momentos, todos aquellos meses, por las personas que decidieron dar su vida por los demás. Muchos de ellos fueron civiles y militares que voluntariamente se ofrecieron sabiendo que ahí acabaría su existencia. Con las medidas que pudieron tomar de protección, muy mala, hacían turnos de 20 a 40 segundos, pues no podían estar más tiempo cerca del núcleo. Y aún así, muchos de ellos salían con tremendas quemaduras en su cuerpo. Otros fallecían al momento. Miles terminaron en los hospitales, y de esos nadie sabe la cifra exacta de fallecidos, pero fueron muchísimos. Los hombres de plomo, los héroes de plomo, como se les llamaba y se les llama, dieron su vida luchando contra un enemigo que no producía olor, ni sabor, ni se le podía ver: la radiación. Y hoy están olvidados por casi todos, menos pos sus familiares y sus conciudadanos. Los estamentos oficiales no quieren saber de ello, pues el homenaje que deberían hacerles demostraría la crueldad de todos ellos y su nefasto comportamiento para con toda la humanidad.

¡Que El universo ofrezca el homenaje que se merecen ellos y cientos de miles que han dejado su vida durante estos 25 años. Y también a los que siguen falleciendo por causa de esa radiación que no dejará de existir hasta una vez pasados veinticuatro mil años, tiempo necesario para que la fuerza del plutonio y los rayos gamma, entre otros elementos químicos y otros rayos, dejen de existir o de ser nocivos para nosotros, para la humanidad!

RELATO DE LOS HECHOS DE CHERNOBYL

La verdad es que no estoy tranquilo después de haber escuchado y visionado el programa de Cuarto milenio emitido el 28 de marzo de 2011, un lunes, pero da lo mismo el día que hubiera sido. Me marcó y ha dejado en mí una sensación de impotencia como humano que difícilmente podré olvidar. Al levantarme el martes 29 de marzo, la sensación es que estamos en manos de unos sinvergüenzas que nunca podría imaginar pudieran llegar a este punto. Y las razones las expongo ahora mismo. No es inventando lo que escribo. Es muy serio. La memoria es fuerte cuando debe ser y ahora debe serlo.

Las imágenes de las personas, de los ciudadanos, de Chernobyl, me recuerdan a aquellas fotos e imágenes que todos hemos visto de las personas de todo tipo y edad, deambulando sin saber por dónde ir en Japón. Gente con su cuerpo quemado, abrasado, por su exposición a esa lluvia radiactiva que les caía sin que nadie les avisará de los peligros de la misma, al ser expuestos directamente. Los posteriores días de continua exposición. El ingerir las aguas envenenadas. El proceso de alimentarse con comidas destructoras y destructivas. Hoy en día siguen existiendo tres orfanatos donde los padres dejan a sus hijos con deformidades pues no pueden hacerse cargo de ellos, bien por no disponer de dinero para afrontar los gastos o bien por otras razones que no entraré a juzgar ni tan si quiera comentar.  Los niños de Chernobyl, así les llaman. Pero esto no es lo único, ni los únicos niños. Nos han mentido y las repercusiones de esa nube contaminante radiactiva, es mucho más.

Todo ocurrió ese fatídico día. Unos días antes, los poderosos hombres habían decidido realizar un experimento. Se trataba de hacer girar a la inversa a los átomos y resto de elementos para analizar las consecuencias. Ese día, 26 de abril de 1986, iniciaron el experimento. Pronto comenzaron a ver que tenía resultados y que al chocar al revés las partículas o los átomos o lo que fuera, producía más electricidad, mucha más energía. Y así lo comunicaron a sus jefes, a los todo poderosos. Y estos, en vez de parar para analizar posibles consecuencias, del tipo que fueran, decidieron continuar. Fueron pasando las horas. Todos estaban radiantes con lo conseguido. Pero llegado un momento aquello se tornó de otra manera. Los medidores comenzaron a señalar altas medidas y temperaturas. No era normal. Cundió el miedo, el temor a lo desconocido. Avisaron a los todopoderosos y quisieron parar, pero era tarde, ya no respondían los botones ni los mandos ni nada. Había entrado en una escalada de velocidad de producir energía y ocurrió lo que nunca nadie, eso pienso, hubiera querido. La central nuclear de Chernobyl, EXPLOTÓ COMO UNA BOMBA NUCLEAR. Muchos murieron al momento. Otros lo hicieron en los minutos siguientes sin cesar de caer. Los ciudadanos expuestos, ante la ignorancia de qué les pasaba, se quedaban en sus casas enfermos o, si acudían a los hospitales, eran tratados para morir con muchos dolores. Pero todo se llevaba en secreto. No querían que cundiera la alarma, que los ciudadano supieran la verdad y se descontrolara todo. Por ello, prefirieron que muriese muchísima más gente, que hacerse responsables de tal desastre. La cobardía les pudo (insisto, las imágenes hablan por sí solas).

Hasta pasados más de 20 días, la población no comenzó a ser evacuada. Llegaron más de 1500 autobuses, pero eran pocos para el mal que estaba asentado. Mientras, desde aquel momento de la explosión, el ejército paseaba por las calles con máscaras. Algunos ciudadanos (se ve en las imágenes) les preguntaban por qué estaban allí y por qué llevaban máscaras. Los soldados, cumpliendo órdenes, respondían: es un ejercicio de prueba por si ocurriese algún incidente algún día. Los voluntarios llegados en camiones del ejército, desde muchos lugares de Rusia, antigua URSS, se enfrentaban a un enemigo invisible que les mataba en momentos. Sus cuerpos eran recogidos, escondidos para que los demás no los viesen, y así les sustituían en las labores. Comenzaron haciendo lo mismo que han hecho en Japón, intentar apagar el núcleo con agua, escombros de la propia central nuclear reventada. E incluso haciendo un túnel subterráneo para desde abajo intentar apagar el núcleo. Miles de voluntarios morían al instante o en los días siguientes. El paisaje se tornó amarillo y naranja. Los árboles perdían su corteza. Los animales morían al instante. Las personas que no habían salido aún quedaban ya como perdidas. Y el radio de acción tuvo que ser ampliado muchos kilómetros más. Pero era tarde, muy tarde. Los trabajos para intentar apagar el único núcleo, el cual estaba a rebosar de uranio pues habían puesto lo máximo para su experimento, estaba inundado de agua y escombros. Pero esa agua se filtraba también. Y esa agua era un agua asesina para todos los seres (la explicación de los expertos sobre cómo ocurre la contaminación en los humanos es escalofriante y deja una inequívoca sensación en cualquiera que lo escuche). Las muertes son inmediatas, y explicaban por qué. Los rayos Alfa se quedan en la superficie, queman. Los rayos Beta penetran dentro de la epidermis y comienza su andadura en el interior de nuestro cuerpo. Pero los rayos Gamma se meten dentro de nosotros o de las plantas o animales, en el suelo, en el agua y, desde dentro, una vez asentados, destrozan a la persona implosionando en su interior. Son como millones de pequeñas bombitas atómicas en nuestro cuerpo (lo siento por su dureza, pero la verdad es así y tenemos que conocerla). Tuvieron que vaciar el núcleo de toda aquella cantidad de agua, los muertos que hubo por echar el agua no sirvieron de nada, igual que en Japón ahora (las grandísimas temperaturas que alcanza el núcleo hacen que el agua se evapore, pero antes alcanza unas temperaturas tremendas, ya que no es agua pura, es agua contaminada radiactiva). En las imágenes se ve a unos submarinistas voluntarios que se sumergen para abrir las compuertas desde dentro del recipiente donde está el núcleo. Es decir, muerte segura, dicen los expertos. Y todas esas toneladas, miles de toneladas de agua radiactiva, vuelven al exterior empeorando las cosas. Igual que en Japón. Solución final: como el núcleo había dado opción a la fusión, aquello ya no podía apagarlo nadie, por lo que decidieron taparlo con escombros y hormigón hasta dentro de 24000 años en que se supone que deberá de apagarse o, por lo menos, dejar de tener efectos nocivos. Pero la zona sigue estando a los mismos niveles de contaminación en su mayor parte, y nadie sabe lo que ocurre en el subsuelo con las emisiones radiactivas. Pero tampoco saben lo que ocurre con las emanaciones al exterior que siguen produciéndose.

SITUACIÓN ACTUAL DE LA RADIACIÓN DE CHERNOBYL Y JAPÓN

Las enfermedades de cáncer en el mundo, en el planeta Tierra, se han incrementado desde entonces, 26 de abril de 1986, en un 74%, según los expertos del programa. Y la pregunta es: ¿cómo es posible que afecte a todo el mundo? 25 años después, y el accidente de Japón, son suficientes para sacar de su lugar secreto la información y ofrecerla a los ciudadanos para tener conocimiento de a qué nos enfrentamos desde entonces, y mucho más ahora con lo de Japón. La nube de Chernobyl, de tamaño desconocido, alcanzó 3 kilómetros de altura. Los vientos la llevaron, en principio, hacía el sur, pero cambió pronto el viento y alcanzó rápidamente la zona del Báltico: Polonia, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Estonia, toda Ucrania, y así se fue desplazando hacia el oeste. Pero claro, eso dicen por el seguimiento que hicieron de las medidas radiactivas que llegaban a los países. Llegó a Canadá, países del norte de Europa que están al lado de los países Bálticos; pero siguió, ya que dio como mínimo 3 vueltas a la Tierra, a Estados Unidos, a otros países de centro y sur América. Desde Suiza la alarma fue grande, ya que siendo un país neutral y sin centrales, eso creo haber entendido, detectaron altas medidas de radiación. Países de la actual Unión Europea sintieron la llegada y el paso de la nube. En España tocó el norte de Cataluña y toda la costa del Levante, pues el Mediterráneo al completo fue depositario de la nube. Y así un montón de países. Se supone que los de África, los países Árabes, y muchos de la zona de Asia sufrieron lo mismo, unos lo detectarían y otros no. La fuga de Chernobyl fue de plutonio, el peor elemento químico posible, entre otros muchos de nombres raros. Y el que más vive es el plutonio, con veinticuatro mil años. El estroncio dura ocho siglos, creo recordar que dijeron. Y otros, menos tiempo.

La cuestión es, a día de hoy: ¿qué sabemos de la exposición que desde hace 25 años estamos teniendo? ¿Cómo nos ha afectado y nos afecta? ¿Qué medidas se tomaron y están tomando? Lo triste fue oír de aquellas personas expertas y de las que en aquellas fechas ocupaban cargos de responsabilidad, tales como Ministro de Energía e Industria, o responsable de EFE, o responsable de todo lo nuclear en España, o responsables de hospitales que tratan el cáncer, o de personas de renombre internacional, entre otras, que no se sabe nada de nada, y que es difícil saberlo. Estamos expuestos desde entonces a la radiación del escape de plutonio que se fue de la central nuclear de Chernobyl y, muy seguramente, de los escapes que se hayan producido de los cuatro núcleos. Según dicen hay dos que han dejado escapar plutonio y otros elementos sin lugar a dudas. La cantidad de entonces, no se sabe. Las cantidades de ahora, tampoco se saben. Solamente se intuye algo. Otra vez han mentido todos, para no generar alarma mundial, pero las consecuencias de Chernobyl fueron tan fuertes, aún lo siguen siendo, que no han esperado a sacar los materiales secretos para prepararnos a todos los habitantes del planeta Tierra de lo que nos vamos a encontrar en los próximos años, miles de años. Chernobyl ha matado a millones de seres en 25 años, le quedan 23 975 años por delante si los datos que nos dan son ciertos. Japón explotó el pasado día 11 de marzo. El 28 de marzo de 2011, vi y oí lo que dijeron en un magnífico programa de una magnífica y valiente TV, con un director sagaz como Iker Jiménez y su equipo. Y algo, no sé si en sueños o despierto, se me quedó grabado. Fue una pregunta que le hicieron o les hicieron a los invitados: ¿por qué ahora sí y entonces no? El miedo fue la razón más escuchada, la alarma general la segunda. Y a lo que hubiera sido la pregunta final se anticiparon, creo, dos o tres de ellos, respondiendo: lo de Japón ha puesto en alerta a todos los gobiernos del mundo tras la experiencia de Chernobyl. Estamos en un planeta del que no sabemos qué nos deparará en los próximos días, semanas, meses, años… Estamos a la suerte de que algo pueda parar el desastre generado por unos logros sobre los que todos creemos que no merece la pena el precio a pagar. ¿O sí?



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