Entrevistas
José Luis Parise revela las claves psicoanalíticas del ocaso de la monarquía
José Luis Parise revela las claves psicoanalíticas del ocaso de la monarquía
Es un interesante análisis psico-analítico que viene al caso, pues se trata del soporte inconsciente de una conducta abyecta, para un personaje tan visible ya puesto en tela de juicio por parte de algunos de sus propios vasallos (súbditos de un soberano, así sea un soberano ilegal, la totalidad del pueblo son sus vasallos). Lo único que ha faltado, es que el elefante matado por la bala del rey, fuera blanco, aunque su grande cabezota si fue blanco de la entusiasta puntería de un señor que parece se divierte matando, no solo inermes elefantes, sino que se adelanta al decurso de su propia historia imperial-monárquica: siendo los elefantes monógamos por excelencia, ofusca al endógamo y polígamo rey -obligado a mantener las apariencias-, que haya sociedades que no tienen que guardar apariencias, así sean del reino animal, o quizá por lo mismo, que siendo "inferiores" se comporten de manera superior, lo cual les hace los sabios reyes de la llanura. Aparece la paradoja: ahora cuando los elefantes están en vía de extinción, y siendo como son perceptivos y respetuosos con la muerte, ellos serán los enterradores de otra extirpe, endogámica -no obstante la poligamia en especial de sus sementales-, que se posesionaron ilícitamente en el pedestal de la sociedad humana, tras recibir en heredad los tronos, de otros usurpadores ante quienes la especie humana no tuvo más remedio que aceptar como sus dioses libadores de sus miasmas; pero que al ser deportados de la tierra sus medios padres annunakis, han quedado al mando como depredadores (faraones, césares y monarcas, con sus cortes de leguleyos flojos de la cerviz, los políticos) de las sociedades que de tales tronos imperiales se sucedieron. Pero como en los mundos del Tiempo, también la noche por larga que parezca tiene final con el amanecer, las monarquías adosadas al imperio materialista no pasarán, porque los vampiros no se alimentan de Luz, ni a plena luz del día.
Y al margen del análisis de Parise –lo cual es su especialidad-, y diferente al menos de lo que en el video apunta, llamo la atención, sobre otro aspecto de la defunción del paradigma, que no por casualidad, en maya se comprende como el suceso natural, en el orden de la energía, que prosigue al final de los llamados Nueve Inframundos, los cuales en sentido de tiempo humano, se contabiliza como 9 x 52 años (468 años: del Viernes santo de 1.519, llegada de Hernán Cortez, el Nerón de Tenochtitlan, México, y a nombre de la monarquía católico-vaticana de la época, hasta 1.987, inicio del Nuevo Amanecer, cuando apenas comienza a clarear el alba del nuevo día para la sociedad humana y simultáneamente el cumplimiento profético del nacimiento de la Nueva Raza Raíz, la Raza Verde o de síntesis, cuando la monarquía española luego de años de ausencia y una dudosa legitimación, tan solo diez años atrás, en 1.977 se legaliza de no muy buena manera, ante la renuncia en el exilio de Juan de Borbón; la monarquía ha sido nuevamente instaurada en España, irónicamente por voluntad dictatorial y en obediencia a un reparto no visible de la baraja del Nuevo Orden Mundial ). 468 x 4 = 1.872, siendo 4 la Justa Medida y 1.872 el fractal del ciclo que culmina el 21 de Dic./2012 después de 1’872.000 días y que dio inicio justo en la época para la cual, el Imperio babilónico daba inicio a su expansión, dando origen al imperio faraónico en Egipto y posteriormente a Grecia, Roma, Francia, Inglaterra, Usa y Urss. Asistimos en Justa Medida al ocaso del Imperio que no es otra cosa que la heredad annunaki; al final anunciado en ‘Revelaciones’ del mundo de la ignominia y de la idolatría de la bestia, a lo que en maya se conoce como hacernos conscientes de que somos habitantes de los Nueve Inframundos o dimensiones de los mundos temporales. Esa es una información sagrada, que por tanto, tratándose de sobrevivencia de la especie a tal situación de enajenación, se ancla en el sacro, en el segundo chacra, alrededor del cual se conforma la cruz y la X del octograma de Fu-Shi, el cuadrado mágico de Saturno, el pakua de la medicina tradicional china y por tanto, uno de los centros donde anida la energía de la Casa-Templo que conocemos como cuerpo humano, el epicentro según el Fen-Shui de la fuerza de supervivencia. Cuando se quiebra la cadera, o una de las asas del Jarrón, la Alpujarra del Campo de Energía se ha roto y la “puerta del destino” (4 de TM, Tou Mae, vaso gobernador) queda abierta al designio del Orden Superior y ante ello no hay impostación que valga; para el individuo una prótesis le devolverá cierta capacidad de movimiento, pero la misma prótesis acabará de alterar las frecuencias que por allí transitan, así que esa persona será un instrumento desafinado que no puede ser tenido más en cuenta por el director de orquesta, suponiendo que el director no quiera que la sinfonía, por anodina que sea, sea abucheada desde la platea. En Gran Bretaña la cosa no va por diferente camino, allí Carlos no quebró su cadera, pero está implicado en la rotura del Vaso de Cristal (sacro, útero) por donde llegó la sucesión de la casa de los Windsor (Diana, objeto de otro tiro al blanco en la diana pero a la inversa, porque amenazaba con quebrar el sistema endogámico; y entre otras cosas Diana en la mitología atlante aportada por los íberos a Europa, es la misma Inana sumeria, la misma Semiramis babilonia o la Isthar o Astarté de otros pueblos, la Afrodita santanderina o la Venus griega, en realidad la guerrera entre los doce annunakis, representada con la estatua de La Libertad). Eliminar a Diana es el equivalente de matar a la señora Sophía reina de España. Así que el Viernes 13 del cuarto mes, una semana después del Viernes santo, celebración del asesinato del dios muerto que dicen adorar, el elefante se salió con la suya, entregó su vida, pero no al precio de 30.000 euros, sino por el desmonte de la impostura de los depredadores de la Humanidad, justo en el 2.012. Imagina en el mundo de los proboscídeos -o paquidermos que llamábamos de niños-, un monumento conmemorativo cuyo motivo sea el cuadro pélvico humano sosteniendo una corona, con los dos huesos ilíacos a manera de orejas de elefante, como un tributo a los inmolados elefantes en África que costó lo suyo a las monarquías.
José Luis Parise revela las claves psicoanalíticas del ocaso de la monarquía: Es un interesante análisis psico-analítico que viene al caso, pues se trata del soporte inconsciente de una conducta abyecta, para un personaje tan visible ya puesto en tela de juicio por parte de algunos de sus propios vasallos (súbditos de un soberano, así sea un soberano ilegal, la totalidad del pueblo son sus vasallos). Lo único que ha faltado, es que el elefante matado por la bala del rey, fuera blanco, aunque su grande cabezota si fue blanco de la entusiasta puntería de un señor que parece se divierte matando, no solo inermes elefantes, sino que se adelanta al decurso de su propia historia imperial-monárquica: siendo los elefantes monógamos por excelencia, ofusca al endógamo y polígamo rey -obligado a mantener las apariencias-, que haya sociedades que no tienen que guardar apariencias, así sean del reino animal, o quizá por lo mismo, que siendo "inferiores" se comporten de manera superior, lo cual les hace los sabios reyes de la llanura. Aparece la paradoja: ahora cuando los elefantes están en vía de extinción, y siendo como son perceptivos y respetuosos con la muerte, ellos serán los enterradores de otra extirpe, endogámica -no obstante la poligamia en especial de sus sementales-, que se posesionaron ilícitamente en el pedestal de la sociedad humana, tras recibir en heredad los tronos, de otros usurpadores ante quienes la especie humana no tuvo más remedio que aceptar como sus dioses libadores de sus miasmas; pero que al ser deportados de la tierra sus medios padres annunakis, han quedado al mando como depredadores (faraones, césares y monarcas, con sus cortes de leguleyos flojos de la cerviz, los políticos) de las sociedades que de tales tronos imperiales se sucedieron. Pero como en los mundos del Tiempo, también la noche por larga que parezca tiene final con el amanecer, las monarquías adosadas al imperio materialista no pasarán, porque los vampiros no se alimentan de Luz, ni a plena luz del día.
Y al margen del análisis de Parise –lo cual es su especialidad-, y diferente al menos de lo que en el video apunta, llamo la atención, sobre otro aspecto de la defunción del paradigma, que no por casualidad, en maya se comprende como el suceso natural, en el orden de la energía, que prosigue al final de los llamados Nueve Inframundos, los cuales en sentido de tiempo humano, se contabiliza como 9 x 52 años (468 años: del Viernes santo de 1.519, llegada de Hernán Cortez, el Nerón de Tenochtitlan, México, y a nombre de la monarquía católico-vaticana de la época, hasta 1.987, inicio del Nuevo Amanecer, cuando apenas comienza a clarear el alba del nuevo día para la sociedad humana y simultáneamente el cumplimiento profético del nacimiento de la Nueva Raza Raíz, la Raza Verde o de síntesis, cuando la monarquía española luego de años de ausencia y una dudosa legitimación, tan solo diez años atrás, en 1.977 se legaliza de no muy buena manera, ante la renuncia en el exilio de Juan de Borbón; la monarquía ha sido nuevamente instaurada en España, irónicamente por voluntad dictatorial y en obediencia a un reparto no visible de la baraja del Nuevo Orden Mundial ). 468 x 4 = 1.872, siendo 4 la Justa Medida y 1.872 el fractal del ciclo que culmina el 21 de Dic./2012 después de 1’872.000 días y que dio inicio justo en la época para la cual, el Imperio babilónico daba inicio a su expansión, dando origen al imperio faraónico en Egipto y posteriormente a Grecia, Roma, Francia, Inglaterra, Usa y Urss. Asistimos en Justa Medida al ocaso del Imperio que no es otra cosa que la heredad annunaki; al final anunciado en ‘Revelaciones’ del mundo de la ignominia y de la idolatría de la bestia, a lo que en maya se conoce como hacernos conscientes de que somos habitantes de los Nueve Inframundos o dimensiones de los mundos temporales. Esa es una información sagrada, que por tanto, tratándose de sobrevivencia de la especie a tal situación de enajenación, se ancla en el sacro, en el segundo chacra, alrededor del cual se conforma la cruz y la X del octograma de Fu-Shi, el cuadrado mágico de Saturno, el pakua de la medicina tradicional china y por tanto, uno de los centros donde anida la energía de la Casa-Templo que conocemos como cuerpo humano, el epicentro según el Fen-Shui de la fuerza de supervivencia. Cuando se quiebra la cadera, o una de las asas del Jarrón, la Alpujarra del Campo de Energía se ha roto y la “puerta del destino” (4 de TM, Tou Mae, vaso gobernador) queda abierta al designio del Orden Superior y ante ello no hay impostación que valga; para el individuo una prótesis le devolverá cierta capacidad de movimiento, pero la misma prótesis acabará de alterar las frecuencias que por allí transitan, así que esa persona será un instrumento desafinado que no puede ser tenido más en cuenta por el director de orquesta, suponiendo que el director no quiera que la sinfonía, por anodina que sea, sea abucheada desde la platea. En Gran Bretaña la cosa no va por diferente camino, allí Carlos no quebró su cadera, pero está implicado en la rotura del Vaso de Cristal (sacro, útero) por donde llegó la sucesión de la casa de los Windsor (Diana, objeto de otro tiro al blanco en la diana pero a la inversa, porque amenazaba con quebrar el sistema endogámico; y entre otras cosas Diana en la mitología atlante aportada por los íberos a Europa, es la misma Inana sumeria, la misma Semiramis babilonia o la Isthar o Astarté de otros pueblos, la Afrodita santanderina o la Venus griega, en realidad la guerrera entre los doce annunakis, representada con la estatua de La Libertad). Eliminar a Diana es el equivalente de matar a la señora Sophía reina de España. Así que el Viernes 13 del cuarto mes, una semana después del Viernes santo, celebración del asesinato del dios muerto que dicen adorar, el elefante se salió con la suya, entregó su vida, pero no al precio de 30.000 euros, sino por el desmonte de la impostura de los depredadores de la Humanidad, justo en el 2.012. Imagina en el mundo de los proboscídeos -o paquidermos que llamábamos de niños-, un monumento conmemorativo cuyo motivo sea el cuadro pélvico humano sosteniendo una corona, con los dos huesos ilíacos a manera de orejas de elefante, como un tributo a los inmolados elefantes en África que costó lo suyo a las monarquías.








