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Entrevista a Ex-Médica... Muy Interesante

Sábado 23 de Abril de 2011 16:36 | PDF | Imprimir | Correo electrónico

Ghislaine  LanctotMientras el sistema enfermatorio siga vigente, las palabras de esta ex-médica seguirán siendo tan valiosas como el valor que ella tiene para sostenerse en su denuncia y en su demanda por la vida. Mejor lees la entrevista.

Entrevista  realizada por Victor-M.Amela a Ghislaine  Lanctot, ex médica y autora del libro  "La mafia médica",  en el que cuestiona el  sistema médico actual.

Nací  en Montreal (Canadá). Fui médico y hoy soy  Ghislaine Lactot médico del alma. Me he  divorciado dos veces y tengo cuatro hijos (de 37  a 28 años) y cuatro nietos. ¿Política?  ¡Soberanía individual! Cree en ti: eres divino y  lo has olvidado. La medicina actual fomenta la  enfermedad, no la salud: lo denuncio en mi libro  “La  mafia médica”.

Estoy  griposo, ¿qué me  receta?
–Nada.

¿Ni un poquito  de Frenadol?
-¿Para qué? ¿Para tapar  síntomas? No. ¡Atienda a sus síntomas,  escúchese! Y su alma le dará la  receta.

Pero, ¿me meto en la cama o  no?
–Pregúnteselo usted mismo, y haga lo  que crea que le conviene más. ¡Crea en  usted!

¡A los virus les da igual lo  que yo crea!
–Ah, ya veo: elige usted el  papel de víctima. Su actitud es: “He pillado una  gripe. Soy víctima de un virus.    ¡Necesito medicinas!”. Pues sí, como  todos...
–Pues allá usted... Mi actitud  sería: “Me he regalado una gripe. ¡Soy la única  responsable! Debo cuidarme un poco”. Y me  metería en cama, reposaría, me relajaría,  meditaría en cómo me he maltratado  últimamente...

¿Se ha “regalado” una  gripe, dice?
–¡Sí! Tu enfermedad viene  de ti, no viene de fuera. La enfermedad es un  regalo que tú te haces para encontrarte contigo  mismo.

Pero nadie desea una  enfermedad...
–Tu enfermedad refleja una  desarmonía interior, en tu alma. Tu enfermedad  es tu aliada, te señala que mires en tu alma, a  ver qué te sucede. ¡Dale las gracias: te brinda  la ocasión de hacer las paces contigo  mismo!

Quizá sea más práctica  una pastillita...
–¿Hacer la guerra a la  enfermedad? Eso propone la medicina actual, y  las guerras matan, traen siempre  muertes.

No me dirá ahora que la  medicina mata...

–¡Un tercio de las  personas hospitalizadas lo son por efectos  medicamentosos! En Estados Unidos, 700.000  personas mueren al año a causa de efectos  secundarios de medicamentos y de tratamientos  hospitalarios.

Morirían igual sin  medicamentos, oiga.
–No. No si cambiamos  el enfoque: la medicina actual ha olvidado la  salud, ¡es una medicina de enfermedad y de  muerte! No es una medicina de salud y de  vida.

¿Medicina de enfermedad?  Acláremelo...

–En la antigua China, un  acupuntor era despedido si su paciente  enfermaba. O sea, ¡el médico cuidaba de la  salud! ¿Ve? Toda nuestra medicina es, pues, el  fracaso total.

Prefiere medicinas  alternativas, pues...
–Respetan más el  organismo que la medicina industrial, desde  luego: homeopatía (¡será la medicina del siglo  XXI!), acupuntura, fototerapia, reflexoterapia,  masoterapia ... la práctica del yoga..la  meditación .. Son más baratas...y menos  peligrosas.

Pero no te salvan de un  cáncer.
–¡Dígale eso a la medicina  convencional! ¿Te  salva ella de un cáncer?
–Lo que hará seguro es  envenenarte con cócteles químicos, quemarte con  radiaciones, mutilarte con  extirpaciones...
¡Y, encima, cada día  aparecen más cánceres! ¿Por qué? Porque la gente  vive olvidando su alma (que es  divina):

la  paz de tu alma será tu salud, porque tu cuerpo  es el reflejo material de tu alma.

Si te  reencuentras con tu alma, si la  pacificas..., ¡no  habrá cáncer!

Palabras bonitas, pero  si un hijo suyo tuviese un cáncer, ¿qué haría  usted?
–Alimentaría su fe en sí mismo:  eso fortalece el sistema inmunitario, lo que  aleja al cáncer. ¡El  miedo es el peor  enemigo! El miedo  mina tus autodefensas. ¡Nada de  miedo, nada de sumisión al cáncer! Tranquilidad,  convicción, delicadeza, terapias  suaves...

Perdone, pero lo más sensato  es acudir a un oncólogo, a un médico  especialista.

–La medicina convencional  debiera ser sólo un último recurso, y muy  extremo... Y si tu alma está en paz, eso jamás  te hará falta.

Bien, pues tengamos el  alma pacificada... pero, por si acaso,  pongámonos vacunas.
–¡No! Las fabrican  con células ováricas de hámster cancerizadas  para multiplicarlas y cultivarlas en un suero de  ternera estabilizado con aluminio (eso la de la  hepatitis B, con su virus): ¿inyectaría usted  eso a sus hijos?

Les he hecho inyectar  ya varias...
–Y yo a los míos: fui  médico, y por entonces no sabía aún todo lo que  hoy sé... ¡Pero hoy mis hijos no vacunan ya a  sus hijos!

Yo creo que seguiré  vacunándolos...
–¿Por qué? La medicina  actual mata moscas a martillazos: no siempre  muere la mosca, pero siempre rompe la mesa de  cristal. Son tantos los dañinos efectos  secundarios...

¿Por qué abominó usted  de la medicina?
–Yo me hice médico para  ayudar. Me dediqué a la flebología, a las  varices. Llegué a tener varias clínicas. Pero  fui dándome cuenta del poder mafioso de la  industria médica, que atenta contra nuestra  salud, ¡que vive a costa de que estemos  enfermos! Lo denuncié... y me echaron del  Colegio de Médicos.

O sea, ya no puede  usted recetar...

–¡Mejor! Los  medicamentos están fabricados pensando en la  lógica industrial del máximo beneficio  económico, y no pensando en nuestra salud.   Al  revés: si estamos enfermos,   ¡la  mafia médica sigue ganando dinero!

¿Y  a quiénes tilda de “mafia médica”?
–A la  Organización Mundial de la Salud (OMS), a las  multinacionales farmacéuticas que la financian,  a los gobiernos obedientes, a hospitales y a  médicos (muchos por ignorancia)...   ¿Y  qué hay detrás? ¡El dinero!

No escoge  usted enemigos pequeños...
–Lo sé, pero  si me hubiera callado, hubiese enfermado y hoy  estaría ya muerta.

¿Cuál ha sido su  última enfermedad?
–Hace dos días, ja,  ja... ¡una diarrea!

Vaya: ¿qué  reflejaba eso de su alma?

–Oh, no sé, no  lo he analizado... Me he limitado a no comer...  ¡y ya me siento bien!

Pero se pasa  mal, ¿eh...?
–Ja, ja... Si la enfermedad  te visita, ¡acógela,  abrázala! ¡Haz la paz con ella!   No  salgas corriendo como loco en busca de un  médico, de un  salvador... Tu  salvador vive dentro de  ti. Tu  salvador eres tú. ¡Dios  esta en ti!



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