Autoconocimiento
Danza con la Energía, ella lo hace Contigo
Danza con la Energía, ella lo hace Contigo
Todas las escuelas, a excepción de las de anti-gimnasia, recomiendan algún tipo de movimiento: regulado, pausado, rítmico, armonioso, sincrónico ó en su defecto, fuerte, dinámico, ágil, extremo, de máxima exigencia o una combinación de las anteriores, pero en aquello que sí coinciden es en la necesidad de articular movimientos para conseguir por así decirlo, determinados resultados, se supone que en bienestar del ejercitante y esto ha sido así desde inmemoriales culturas y civilizaciones.
Para aquellas disciplinas cuyo punto de partida es la existencia de un campo de energía constitutivo de todos los seres vivos ó inertes, energía en perpetuo movimiento y flujo transformativo, las rutinas y en sí los movimientos son considerados sagrados y argumentos no faltarán para afirmarlo; no vamos a cuestionar quien tiene más o menos razón y verdad, lo importante es que nos conceptuamos como seres de Energía en eterno movimiento y como también somos diversos y complejos, pues tenemos resonancia más por unas prácticas que por otras, lo cual no demerita lo no practicado, es como opinar sobre el gusto que tenemos por determinado color, sabor, textura, sonido, etc.
Jamás nos pondremos de acuerdo si pretendemos imponer nuestro gusto o criterio. Así es en la disciplina de la danza, hay para todos los gustos y propósitos y cada cual suele escoger cuando se decide a ponerle movimiento a su cuerpo, de cada práctica algo bueno quedará, cuando menos, la disciplina que se asume para abordarlo.
De tiempos ya milenarios y procedentes de antiguas escuelas de misterios, se cultivaron diversas disciplinas para que el cuerpo se hiciera caja de resonancia para el campo de energía que constantemente fluye, digamos a través nuestro, pues además de ser energía, somos una inconmensurable red de canales y ductos para otras energías para las cuales somos como antenas de recepción o emisión, y eso es así, independiente de la consciencia que de ello tengamos. Si por alguna razón, nuestra vibración es lenta, la energía que solemos guardar será densa, pues esa será nuestra capacidad receptiva; si por el contrario, hemos hecho de nuestra manifestación corpórea, emocional y mental, una entidad sutil, habremos elegido que por esos ductos fluyan no solo las más sutiles de todas las corrientes energéticas, sino las más agradables, habremos elegido ser como un instrumento afinado para el músico habilidoso; la energía es inteligente y elige transitar por los mejores pasillos.
La propuesta de danza que comparto va dirigida a todas aquellas personas amantes de la armonía y el ritmo, que gustan de los movimientos coordinados y acompasados con la música, que no obstante la exigencia y perfección a la que se puede llegar, nos deje la libertad de asumirlo a nuestra manera y que vayan dirigidos a poner en movimiento aquellas áreas de conflicto que por momentos parecen ahogarnos o que cuanto menos nos agobian; he encontrado válida para mí, la propuesta de la danza que llamamos árabe (por su procedencia inmediata), la cual al estudiarla en más profundidad encuentro su carácter sagrado por obedecer sus pasos y rutinas a la necesidad humana de hacer fluir las energías estancadas, a través de los nodos, redes y centros de energía del cuerpo físico; sus gestores, basados en un profundo conocimiento de los diferentes cuerpos de manifestación con que estamos conformados y que podemos estudiar con la ayuda de ciencias y sabidurías como la tradicional china e hindú, la antiquísima alquimia de Thoth el atlante, la Geometría sagrada druida de las cuales bebieron todas las escuelas antiguas de misterios, todo lo cual fue resumido en su momento por los sufis de la cultura persa-árabe y que llegó a conocerse como danza árabe o del vientre, por centrar la atención en la energía sacra como centro de expansión, para ser elevada a altísimas vibraciones a través de meridianos, vasos maravillosos, chacras, nadis y otras configuraciones de nuestro Campo Primordial de Energía.
A mi propuesta he dado en llamar “Danza árabe terapéutica ”, evocando con ello el propósito que me motiva a compartir cuanto voy descubriendo, con la ayuda de profesoras y maestros de diferentes procedencias, de libros especializados en muy diversas áreas del conocimiento y del funcionamiento del cuerpo en su relación con la energía, logrando una manera creativa y agradable de restañar viejas heridas emocionales y preparar todo este precioso vehículo que llamamos cuerpo para que llegue a reconocerse justo como lo que es: Casa y Templo del Espíritu en la tierra.
Con Amor: Alba Luz Ocampo, Luna Galáctica Roja.








